Javier Sierra: “No hace falta ver los culebrones de la tele para llorar, hay cuadros que te despiertan esa emoción”

“El Maestro del Prado” es la última novela de Javier Sierra que lleva impreso el carácter misterioso que define cada una de sus obras. Con este libro -que parte de una situación real del autor-, ayudado por la figura del Maestro del Prado -“un mito construido expresamente para transmitir los secretos que guarda el Museo del Prado”, según el propio escritor-, Javier Sierra pretende hacer llegar el interés por el arte a todo tipo de personas con una lectura diferente de los cuadros de uno de los museos más importantes de nuestro país. 


Javier Sierra // Foto: Asís G. Ayerbe
Por: Natalia Márquez y Laura Moreno Iraola.

MirArte Magazine. El libro se titula “El maestro del Prado”, el cual de verdad existió, ¿nos puede contar cómo lo conoció?

Javier Sierra. El libro parte de una circunstancia biográfica real. En las navidades de 1990 yo había llegado a Madrid para estudiar y pasaba muchas horas en el Museo del Prado. En una de esas visitas, delante de “La Perla” de Rafael se me aproximó un señor mayor, se quedó mirando el cuadro conmigo mucho rato y, de repente, el hombre se dirigió a mí y me dijo “si quieres te lo explico”, debió verme cara de despistado y se ofreció a ser mi guía, me enseñó cómo leer ese cuadro y cómo leer otros cuadros de la colección italiana del museo. Me impactó mucho, yo tomé nota de todo lo que me iba diciendo en un diario y, la verdad, es que me olvidé de aquella historia hasta que, 20 años más tarde, queriendo construir una novela sobre los misterios de los cuadros del Museo del Prado y repasando viejas notas, me encontré con esas líneas y pensé que a aquel señor lo podía convertir en uno de los protagonistas. No lo he vuelto a ver y también he hecho de este libro una llamada de atención por si él lo leyese, para que vuelva a ponerse en contacto conmigo.

MA. Entonces, ¿hasta hace poco no pensó hacer una novela con esta historia?

JS. No, yo quería hacer una novela sobre el Museo del Prado y sus misterios desde hace tiempo, sobre todo, después de que en el año 2004, mi novela “La cena secreta” (inspirada en el mural de “La última cena” de Leonardo Da Vinci que se encuentra en Milán) fuera un éxito internacional. Quería demostrar a mis lectores que no hacía falta irse a ningún lugar exótico para ver este tipo de obras de arte, hacer ver que, incluso en la capital de España, se encuentra el mayor depósito de misterios de Europa. Al principio iba a ser un libro de no ficción, una especie de ensayo y recorrido por los cuadros fundamentales con el misterio del Prado, pero me di cuenta de que si lo hacía así, muchos lectores podían renunciar al libro al verlo arduo de leer. Entonces, decidí hacer lo que los antiguos cuando no existía la imprenta y la cultura tal como la conocemos: si ellos querían transmitir una  historia o una información para que pasara de generación en generación se inventaban un relato y metían esos datos dentro de él. “El Maestro del Prado” es eso, un mito construido expresamente para transmitir los secretos que guarda el Museo del Prado.

MA. Ha dicho que sólo tenía un diario con anotaciones pero, ¿qué otro tipo de investigación ha realizado para conseguir un libro tan detallado?

JS. Yo parto de esas notas y ese personaje pero luego el libro está enriquecido. De hecho, tiene algo particular en una obra literaria de estas características que es un apartado al final donde se especifican las fuentes de información que he utilizado para escribir. De esta forma, los lectores no pueden pensar que es todo inventado por mí. Todo está muy documentado.

MA. ¿Con toda esa investigación ha podido comprobar que aquel hombre con el que se topó en el Museo del Prado no mentía?

JS. Sin duda,  muchas de las cosas que me dijo aquel inesperado maestro en El Prado se terminaron confirmando, también con la ayuda de otras lecturas y otros maestros con los que me he encontrado por el camino.

MA. ¿En el libro hay partes de ficción?

JS. Es un libro especial, peculiar, porque es una novela y se lee como una novela de intriga y de misterio, pero también tiene algo de investigación, todo lo que se cuenta está sustentado sobre datos reales, tiene ilustraciones a color como si fuera un libro de arte, donde el lector puede ir comprobando todo aquello que ha leído de la imagen que le acompaña y tiene ese punto autobiográfico donde yo cuento cosas que me han sucedido realmente, que sirven de alguna manera de invitación al lector para que me acompañe y crezca conmigo a medida que va descubriendo el arte.

Hay muchas obras que tienen increíbles secretos que contarnos y que yo espero explorar en futuras novelas.

MA. ¿La historia de qué cuadro fue la que más le impactó?

JS. La historia que rodea a “La gloria” de Tiziano. Un lienzo de tres metros de envergadura que está a la entrada de la gran galería del museo donde se ve una escena muy singular: sobre un paisaje castellano se abre el cielo y se ven multitud de patriarcas del Antiguo Testamento, personajes del Nuevo y, en medio de toda esa marabunta de gente, está retratado Carlos V pero no es él, es un personaje cubierto con una sábana que representa al alma de este. Cuando sabes que fue el emperador el que le encargó a Tiziano que lo retratase muerto pidiendo permiso para entrar en el más allá, ya lo ves desde otro punto de vista. Y, cuando sabes que Carlos V abdica de la corona y se va a Yuste para prepararse para morir y se lleva ese cuadro a sus estancias para meditar delante de él, el cuadro adquiere una dimensión totalmente diferente. Es decir, Carlos V agonizando se estaba viendo a sí mismo muerto en el cuadro pensando que este lienzo iba a ser su puerta de acceso al más allá. Sólo esa historia a mí me parece estremecedora.

MA. En el libro menciona a las pinturas proféticas, ¿qué son exactamente?

JS. Son pinturas ejecutadas por grandes maestros del arte que estaban convencidos de que el mundo se iba a acabar alrededor de 1600 y que nos dejaron una serie de tablas (algunas se encuentra en el Museo del Prado y otras no) donde se nos muestra el mundo del futuro o el instante en el que va a acabar el mundo. Por ejemplo, “El jardín de las delicias”, de Jerónimo Bosco. Este perteneció a una secta llamada los adamitas o seguidores de Adán que creían que, después del fin del mundo volveríamos al paraíso terrenal. Es lo que representa el tríptico, el esfuerzo que ha de hacer la humanidad para regresar al paraíso terrenal. Otro ejemplo, Brueghel el Viejo pintó una tabla escalofriante que se llama “El triunfo de la muerte” que representa el colapso de la civilización y que está inspirado en el capítulo XX del Apocalipsis. Este pintor perteneció a otra secta que se llamaba La familia del amor o La familia caritatis que creía que después del fin del mundo vendría un periodo de mil años en el que Jesucristo regresaría a la tierra y nos llevaría hasta el paraíso de nuevo. En esa tabla están muchos detalles del credo secreto de Brueghel el Viejo y que yo he descifrado para la novela.

MA. ¿Cómo piensa que puede ayudar “El maestro del Prado” a cambiar la percepción de los cuadros?

JS. De una manera muy importante, porque nosotros entramos en un museo con cierto complejo, pensando que si no tenemos una cultura previa, el museo no nos va a servir para nada. Nada más lejos de la realidad. Los pintores a los que yo me refiero en mi novela fueron artistas que lo que buscaban no era culturizar a sus semejantes, sino emocionarles, causarles estados de ánimo, cambiarles el humor. Así que lo que yo pido a través de "El Maestro del Prado" es que entremos en un museo con la mente abierta, sin complejos, nos coloquemos delante de esas pinturas y dejemos que generen en nosotros emociones, pero para eso hay que darles un tiempo, no hay sólo que mirar el cuadro, hay que contemplarlo, hay que intentar escrutar sus detalles para que nos envuelva. No todos los cuadros lo hacen, los que aparecen en la novela, sí.

MA. ¿Todavía hay misterios por desentrañar en el Museo del Prado?

JS. Muchísimos. Teniendo en cuenta que la colección permanente son casi 2000 pinturas y en los sótanos hay 6000 cuadros que no están en exposición. Hay muchas obras que tienen increíbles secretos que contarnos y que yo espero explorar en futuras novelas.

MA. Algunos de sus libros están enfocados en desentrañar los misterios del arte (como también ocurre en “La cena secreta”), ¿desde cuándo y por qué este interés por los mismos?

JS. Es un interés que arranca en mi infancia. Yo nací en Teruel, que es una ciudad histórica pequeña. Me contaron que una de las cosas que más me llamó la atención cuando era niño fue el descubrimiento del artesonado de la Catedral de Teruel. Es un artesonado de la Edad Media que estuvo durante siglos cubierto por escayola que durante la Guerra Civil española se vino abajo por los bombardeos de la ciudad y dejó al descubierto una enorme obra de arte, que todavía hoy es el mejor artesonado mudéjar del mundo. Aquello me impactó muchísimo, fui a verlo y me maravilló. Pensé que cuántas escayolas y muros podría haber en el mundo tapando obras de arte. A partir de esta historia comencé a imaginar.

Yo creo que ha llegado en un buen momento, en el momento en que ya nos hemos cansado de sombras y ahora queremos luz.

MA. ¿Este libro es para todo el mundo? ¿Incluso para aquellas personas que nunca se han interesado por el arte?

JS. Es sobre todo para personas que nunca se han interesado por el arte porque pensaban que era para eruditos o gente culta y nadie les ha dicho, hasta ahora, que el arte es para cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad. Tienen que buscar emoción, no hace falta ver los culebrones de la tele para llorar, hay cuadros que te hacen llorar y esos son los que yo quisiera descubrir a los lectores.

MA. El libro lleva un tiempo en la calle, ¿cómo ha sido la acogida?

JS. Espectacular. El libro es ahora número uno en ventas. Desde su salida ha conseguido algo que yo ni me imaginaba que iba a pasar y es que ha desbancado del primer puesto a "50 Sombras de Grey", es algo que no sucedía en este país desde hace ocho meses. Yo creo que ha llegado en un buen momento, en el momento en que ya nos hemos cansado de sombras y ahora queremos luz.

MA. ¿Está teniendo feedback con los lectores?

JS. Mucho. Yo suelo acompañar los lanzamientos de mis libros con campañas de promoción importantes por toda España, ya he presentado "El Maestro del Prado" en varias capitales y en todas he tenido una acogida extraordinaria. Creo que he tocado algo que es muy nuestro. El arte, la pintura se inventa en España hace 35.000 años en las cuevas del norte de la Península Ibérica y, por lo tanto, forma parte de nuestra memoria genética. Y tocarlo hoy, de alguna manera, resuena en muchos lectores españoles.

MA. ¿Cuándo supo que quería ser escritor y por qué?

JS. En realidad es algo que yo he sabido desde muy niño. Con ocho años estaba escribiendo ya mis relatos. Yo les dibujaba una portada, me inventaba un nombre de editorial, los ilustraba... Y esos cuentos infantiles, que todavía sigo guardando, eran ya relatos de misterio, donde hablaba del Triángulo de la Bermudas, del monstruo del Lago Ness y de cosas por el estilo que eran muy de los 80. Lo he sabido siempre y lo que he hecho, cosa que creo que puede ser un importante aviso a navegantes, ha sido sencillamente, en mi vida, seguir mi instinto, no dejar que la sociedad te convierta en un funcionario, y sigo en ello.

MA. ¿De todas las obras que ha escrito hay alguna que sea más especial para usted?

JS.Todas las escribo con el ánimo de que sean la gran obra y, por supuesto, la última, desde mi punto de vista, es siempre la más madura, que recoge todo lo que he aprendido en la trayectoria anterior. Así que especial, muy especial, es "El Maestro del Prado", donde además el protagonista no es alguien de ficción, sino que soy yo mismo con 20 años.

MA. Para finalizar, ¿hay alguna futura obra que ya esté en mente o que esté ya escribiendo?

JS. Hay varias, pero hay una que me obsesiona especialmente que no sé si será la siguiente, que tiene que ver con la carrera espacial y que me atrapa desde hace mucho tiempo. Ya conozco mucho de la carrera espacial americana, ahora estoy estudiando la soviética, a ver adonde llego.   





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