Una sinfonía sin final

Vetusta Morla concluye su gira en el Teatro Circo Price de Madrid con cuatro pases llenos de magia.

Por: Natalia Márquez


Vetusta Morla durante su actuación // Foto: Natalia Márquez
La primera tarde. El primer pase. La primera despedida. El principio del final. Dos mil almas congregadas en el espacio circular. El Teatro Circo Price temblaba de emoción esperando el comienzo de lo que sería una intensa tarde de sábado, con dos pases de un épico espectáculo que todos los que lo vivieron no podrán olvidar jamás.

A las seis y cuarto, una hora inusual para un evento de tales características, la habitual megafonía del recinto avisaba de que lo que todos aguardaban estaba a punto de empezar. Los nervios y la ansiedad aumentaban entre los espectadores, deseando que aparecieran en escena los actores, que sin haber hecho acto de presencia, ya tenían ganado al público.

Las luces se desvanecen y en la pantalla situada al fondo aparecen las imágenes que conforman los “Mapas” de Vetusta Morla, metáfora del camino recorrido durante los casi dieciocho meses de gira.

Dos figuras salen a la pista central del circo. Un estruendoso aplauso los recibe y los focos les iluminan. Sin micros, sin efectos, sin aditivos. Tímidos y dulces comienzan a sonar los acordes de Pequeño Desastre Animal. La melodía se abre camino entre los presentes dando paso a la emoción. Pucho y Guille no necesitan más para hacer entrar a dos mil personas en su mundo de armonías perfectas.

Pucho // Foto: Natalia Márquez
Antes de la siguiente canción, Juanma, Álvaro, Jorge y David hacen acto de presencia. Con Los Buenos nos recuerdan que “tenemos lo que merecemos”, frase que se ejemplifica en la trayectoria del grupo que no deja de crecer a cada paso que da. Comienzo idéntico al que se pudo vivir en cuatro teatros (Barcelona, Zaragoza, Bilbao y Madrid) durante el mes de febrero y principios de Marzo.

La Autocrítica, que nunca debe faltar, entra en escena. Tras ella, nos embelesamos con el aire melancólico de Al respirar. El ritmo comienza a recorrer el cuerpo de los allí congregados con Mapas, que acompañan a los seis músicos con sus palmas.

El acústico finaliza dando paso un vídeo que cuenta la experiencia que vivieron en Lorca. Acto seguido la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia aparece en el escenario para acompañar gran parte de lo que queda de actuación.

La magia llega al teatro. El esplendor sinfónico invade la sala. La perfección se hace tangible y la extrema belleza de los sonidos que llegan a los presentes comprime sus corazones hasta dejarlos sin aliento.

Escudo Humano inaugura este tramo. Le sigue la exquisitamente renovada Rey Sol. La gente disfruta, siente, vive. Tras esto llega el momento de presentar a la OSRM con la cálida ovación del público. Volvemos a casa con Canción de Vuelta. Y con la aplaudida Maldita Dulzura nos sumergimos en el difícil mundo de las relaciones, del amor, de la pasión, como la que expresa el grupo cada vez que se sube a un escenario. Hasta que acabamos En el Río con ganas de levantarnos de las sillas que nos atan.

Guille // Foto: Natalia Márquez
Las que probablemente fueran las notas más esperadas de la noche, para algunos, empiezan a fluir y nos trasladan hasta Copenhague. La magia se rompe durante unos segundos debido a la entrada forzada, con salto incluido, de Pucho para entonar la primera línea de la canción. Las risas cesan poco a poco y la atmósfera de ensueño vuelve a invadir el recinto. Siguiendo el repaso de imprescindibles, Un día en el mundo expresa con su letra el sentimiento de los asistentes, porque todos piensan “mírame soy feliz”, el juego de Vetusta Morla nos deja así. Las ganas de cantar son difíciles de reprimir y la mayoría opta por corearla a pleno pulmón.

El ritmo decae para dar paso a la dulcemente perfecta Boca en la Tierra. Un breve comentario sobre la presencia de niños y lo fundamental de la educación musical durante la infancia para continuar con Sálvese quien Pueda. Aunque sólo sea dentro de ese recinto, las voces de dos mil personas cantan al unísono, cansadas de todos los idiotas que intervienen en sus vidas día a día. En Saharabbey Road es imposible mantenerse sentado y el teatro se alza al completo al igual que la melodía hasta acabar con el “desparrame o chorizo” en palabras de Pucho, pero bien definido por la directora de la OSRM como “ruido musical”.

Después de la apoteosis y el baile, la calma vuelve a hacer acto de presencia con la preciosa Iglús. Nos sentimos vulnerables, desprotegidos, pero arropados por la belleza de su música. Continuamos suavemente con Baldosas Amarillas, sumergiéndonos en el mundo cinematográfico. Agradecimientos a todos aquellos que han sido partícipes de alguno de sus conciertos durante la gira de “Mapas” y compartiendo la esperanza de que su vuelta ocurra pronto.

La magistral Los días raros pone el broche al tramo sinfónico con el que se despide a la maravillosa orquesta, gran responsable del espectáculo único que se pudo vivir esa tarde.

Otro montaje audiovisual más. Esta vez con datos de lo que ha sido estos últimos dieciocho meses para ellos: aviones, hoteles, cervezas, litros de licor de café, cuerdas de guitarra, baquetas, bidones, 5 Rivieras, etc. Y todas las ciudades visitadas.

Fin de gira // Foto: Laura Moreno Iraola
La luz del anochecer se acercaba lentamente a nuestras almas mientras el final del concierto llegaba. De nuevo ellos seis solos en la pista. Lo que te hace grande da paso al tradicional formato eléctrico. Con Valiente los asientos se olvidan y el público pone toda su energía para exprimir al máximo los últimos minutos. Su clásico bidón nos augura una pronta despedida. Un concluyente mensaje de optimismo, recordándonos que venimos al mundo para ser felices, aunque ellos no sean del todo conscientes de lo que ayudan con su música a que nuestras vidas sean un poco más placenteras.

Primero llega El hombre del saco, para cerrar con La cuadratura del círculo, completando así un espectáculo digno de sentir. La ovación que el público les brinda no desea cesar, algo tan mágico no puede terminar, pero por desgracia, lo hace. Los seis componentes de Vetusta Morla se retiran, pero sólo temporalmente. La vuelta será esperada y ansiada, pero mientras tanto su música seguirá sonando en nuestra alma. Y la luz vertida en nuestros corazones durante ese espléndido final siempre permanecerá. 

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