Un mes al 21%


Por: María Matos Elices

Hace ya un mes que aumentó el IVA del 90% de los productos que consumimos habitualmente. Una medida recaudatoria para acabar con el déficit del país y salir de esta interminable crisis. Sin embargo, el Gobierno no debió de meditar lo suficiente este acto, o si lo hizo, debe tener una estrategia que los españoles desconocemos. Este impuesto va a suponer un aumento de los ingresos del Estado, pero esto solo será así si los ciudadanos consumen, y a estos precios y con la bajada de sueldos o el aumento de parados, ¿quién va a poder hacerlo?

Uno de los incrementos que mayores protestas ha generado ha sido el que ha afectado al sector de la cultura, un ámbito ya muy castigado por los gobernantes y la sociedad española. Una subida del 8% al 21% que se aplica a las entradas de cine, teatro, conciertos, circos y exposiciones. Sin olvidar el aumento del gravamen de los libros, revistas y todo tipo de publicaciones en papel (del 4% al 8%), los discos y los libros electrónicos o los eventos deportivos y las obras de arte (del 18% al 21%).

Un sector ya inmerso en una crisis de ventas, a la que se le va a sumar la que produzca la subida del impuesto que afecta a la música (las ventas de discos llevan disminuyendo desde hace años por la piratería) y al cine (las salas cuentan cada vez con menos espectadores).

En Madrid se pueden encontrar entradas a precios muy diversos, pero todos oscilan entre los siete y los nueve euros. Cantidades desorbitadas por 120 minutos de película que pueden o no satisfacer al espectador, a las que se suma el inasequible coste de las palomitas, bebidas y otras consumiciones que forman parte del rito de muchos aficionados al séptimo arte. Entre 2010 y 2011, 2,9 millones de espectadores españoles dejaron de acudir a las salas, según el anuario de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Este descenso se debió a la unión de dos factores: los elevados precios de las entradas y la posibilidad de ver las películas de forma gratuita desde casa, gracias de nuevo a la piratería. El segundo factor no se puede obviar y hay que tomar medidas para disminuir sus efectos. De hecho, son muchos los cineastas, sobre todo los debutantes, que ofrecen alternativas a los espectadores. El corto de Paco León, Camina o Revienta, se estrenó de forma simultánea en los cines y en la red, en esta última, a tres euros por visionado. Además, en un corto periodo de tiempo, menos de un mes, salió a la venta con El País por seis euros el DVD y la primera tirada resultó tal éxito que hubo encargos para una siguiente en principio no programada.

Los cineastas tienen que buscar alternativas, y lo están haciendo, pero las salas de exhibición tampoco deben quedarse atrás: ofertas, abonos, experiencias similares al 3D etc. Sin embargo, por muchas medidas que tomen los tres sectores de la industria cinematográfica (producción, distribución y exhibición), si el Gobierno aprueba otras en su contra, no se van a percibir los resultados de las primeras, es más, van a ser nulos.

Los gobernantes deberían potenciar y ayudar a esta industria, como en su día hizo EE UU con Hollywood y hoy es la mayor productora mundial. Los estadounidenses se percataron del arma que tenían entre manos y supieron usarla y aprovecharla. Si los resultados artísticos son a veces buenos o malos, no es la cuestión, pues toda masificación acarrea inconvenientes. La cuestión es que han logrado ser una potencia exportadora de cine y que sus películas son número uno en taquilla en las carteleras de todo el mundo.

El gobierno español y el cine nunca se han llevado bien. Las ayudas han sido escasas y su propaganda en el exterior, nula. Tras años de censura, se han logrado ciertos avances en el campo de las subvenciones, aunque siguen siendo ridículos. El problema es que la baja calidaz de las producciones, por el escaso presupuesto, ha llevado a difundir la idea entre los españoles de que sus películas son pésimas y que el cine español no vale nada. Y desde luego, esto no es así. Hay films malos, por supuesto, pero Hollywood también se equivoca. Quizá, los ciudadanos deberíamos valorar un poco más nuestro cine para que los políticos también se lo tomarán en serio.

La Unión de Asociaciones de Empresariales de la Industria Cultural Española declaró una vez anunciada la medida recaudatoria que se perderían 43 millones de espectadores, cerrarían un 20% de empresas y se quedarán sin empleo 4.226 trabajadores. Aún es pronto para conocer los resultados, pero no creo que sus estimaciones estén muy lejos de la realidad. De hecho algunos conciertos ya se han suspendido, como las actuaciones de Umberto Tozzi en Espalña, y muchos teatros han decidido no repercutir en el espectador el incremento retributivo, como aquellas representadas en los teatros del Grupo Marquina (Teatro Marquina, Teatro Príncipe Gran Vía y Teatro Arena). 

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