La luz que dejó Jorge Drexler

El cantautor uruguayo ofreció ayer por la noche un recital de más de 2 horas en los Teatros del Canal en Madrid.

Por: Sheyla Olivos


Jorge Drexler junto a todos los músicos que le acompañaron // Foto: Natalia Márquez
Noche y luz. Sí y no. Soledad y compañía. Guerra y paz. “¡Viva la paz!…en todos los sentidos de la afirmación”. El Mundo Abisal —y lleno de bipolaridades— de Jorge Drexler llegó ayer noche a Madrid en forma de espectáculo intimista en el que no faltaron la camaradería y el contraste de luces y sombras tan presentes en su gira actual. Los Teatros del Canal es el lugar elegido para dar rienda suelta a la poética sencilla y sosegada del cantautor uruguayo.

Tras algunos minutos de espera, el pequeño recinto se baña de una angustiosa oscuridad en la que dos esferas de luz azul nos indican que la función está a punto de empezar. Y no puede hacerlo mejor. Hermana duda, incluida en “12 segundos de oscuridad” (2006), nos ofrece algunas pistas del ambiente en el que nos sumergiremos. La luz, nos indicará el camino a seguir; él, nos guiará con su voz hacia unas letras en las que —más de una vez— nos veremos reflejados.

Música de la banda de Jorge Drexler // Foto: Natalia Márquez
“Buenas noches, Madrid”—dice con una sonrisa radiante. “Os iré contando poco a poco porqué hoy es una noche tan especial”. Tres bombillas colocadas estratégicamente cerca de su cabeza se encienden para acercarnos a Polvo de estrellas. Se oyen los primeros susurros del público. Tímidos pero firmes cantan el estribillo de la canción. Aparece un fondo azul en el que destellos verdes nos informan de la llegada de Mundo Abisal, tema que da nombre a la gira. Con Eco, se introducen efectos sonoros y unas sombras proyectadas en la pantalla que rompen con la realidad primordial. Es la hora de contar una historia.

Montevideo. Playa Cabo Polonio. Una noche se perdió y un faro, que da un barrido cada 12 segundos, le hizo encontrarse. El resultado: Noctiluca, pieza escrita para su segundo hijo, presente en la sala. Ya tenemos una de las razones por las que la noche es especial. Tres mil millones de latidos cierra este primer bloque.

La improvisación se abre hueco en el teatro y Drexler pregunta si hay algún guitarrista en la sala que sepa tocar alguno de sus temas con la Sexta en Re. Nadie osa a contestar a la pregunta pero algunos se atreven a pedir temas. Escuchamos Fusión, Milonga Paraguaya, Transporte y —para deleite del público— Antes.

Jorge Drexler y Joe Barbieri // Foto: Natalia Márquez
Llega el segundo motivo que convierte esta noche en única. Joe Barbieri, cantautor napolitano, se une al juego desatado por Drexler con Zenzero e Cannella, en el que el segundo demuestra su buen conocimiento del idioma del primero y éste hace lo mismo con el español en Don de fluir. El italiano se retira tras una larga ovación y el de Uruguay continua en solitario  e interpreta Aquellos tiempos, Deseo y, la impactante y casi hablada Disneylandia.

Los asistentes presentimos que el show se termina y nuestro protagonista vuelve a arrinconar el guión con una versión a capella de la oscarizada Al otro lado del río (2005). A continuación, escuchamos las consagradas Todo se transforma, Trama y desenlace y, una de las más coreadas, Soledad, entre otras.

Tras un segundo intento de fin, el cantautor nacido en Montevideo —“por tanto madrileño”— regresa al escenario, esta vez con sus músicos y Joe Barbieri, para descubrirnos la optimista y descarada Las Transeúntes. Dos horas de espectáculo en el que las letras, la improvisación, los equívocos y el buen rollo de Drexler, que promete nuevo proyecto próximamente,  hicieron de ayer una noche en la que la luz desprendida nos ayudó a alumbrar nuestro camino a casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario