Jill Scott en Madrid: la voz del new soul

Jill Scott emociona al público en su primer concierto en España. El Teatro Circo Price de Madrid fue el elegido para dar la bienvenida a una de las divas del new soul estadounidense.  

Jill Scott actuó en los Veranos de la Villa.//Foto: María Matos Elices
Por: Sheyla Olivos

  
Fuerza y madurez interpretativas. Éstas fueron las principales impresiones que desprendió el domingo noche la cantante estadounidense Jill Scott durante su visita a España. La acompañaba su numerosa banda, las luces del escenario del Teatro Circo Price de Madrid y una sorprendente voz que dejó sin aliento a los asistentes del espectáculo celebrado con motivo del ciclo de conciertos de Los Veranos de la Villa. 

Jill Scott, cantante del género conocido como New soul (mezcla de jazz, R&B, palabras recitadas y hip hop) hizo parada en la ciudad madrileña, en el marco de su gira internacional,  para presentar su último disco “The Light of The Sun”, colmado de canciones que llevan más de un año en las listas de éxitos de países como Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, durante el evento también estaban previstos temas de sus antiguos discos como Hate on me o He loves me. Esta vez, la velada tenía un aroma especial. Era la primera vez que la vocalista se subía a un escenario español  y la expectación se percibía nada más poner un pie en la acera del número 35 de la Ronda de Atocha. Las puertas se abrían a las 20:45 y personas de entre aproximadamente 25 y 50 años accedían con tranquilidad al pequeño recinto. A las 21: 40, diez minutos después del inicio oficial del show, la muchedumbre, ya colocada en sus respectivas zonas, se inquieta por la tardanza de la cantante. 

Jill Scott y sus músicos.// Foto: María Matos Elices
21:45. El espectáculo empieza con la pista a medio llenar y con las gradas bajas completas. Apenas 800 personas. Una asistente procedente de Washington comenta que lo que le gusta de Jill Scott es su naturalidad y su profundo compromiso con el Soul. Después de una breve introducción de mano de sus músicos, Scott entra al escenario con una sonrisa resplandeciente y trajeada con un ceñido vestido de rayas rojas y amarillas. It’s Love resuena en el teatro. El dinamismo de la canción fija a los espectadores en una atmósfera en la que reina el buen rolllo. Al  finalizar este primer tema, la cantante (y poeta) recita uno de sus poemas de amor recogidos en el libro "The Moments, The Minuts, The Hours".  Versos que dan pie a la sugerente The Way, al dueto So in Love y, finalmente, a la lenta Imagination con la que se reafirma el leitmotiv de la primera parte del show: el amor (y la pasión).

Estamos en el nudo del concierto y la cantante se pone una arriesgada peluca morena y se dirige a la audiencia con la esperada pregunta “¿Deseáis un amor verdadero?”. Brazos levantados en todo el recinto. La banda pone en marcha los primeros acordes de la instrumental The Real Thing.  Y es aquí donde entra en juego su faceta actoral, porque además de cantante y poeta, Jill Scott ha hecho sus pinitos en el mundo de la actuación. Con una representación de un anuncio del producto Ball Fresh (Refresca pelotas) Scott, que hace de vendedora, demuestra sus dotes de actriz cómica e introduce a la rápida y hiphopera Quick y a Gotta get up, en la que la trompeta y el saxofón cobran importante presencia.

La cantante desprende magia. // Foto: María Matos Elices
Llegan los puntos álgidos del concierto. La cantante nos sumerge en Getting in the way con una frase en perfecto español: “Mira Puta”. Tema en el que  deja las cosas claras a la ex novia de “su hombre”.  Con Hate on me, uno de los hits más conocidos de su tercer disco, el público se viene arriba con el poderío de la de Filadelfia. Todos bailan con esta melodía pegadiza y repleta de franqueza. Y es que a través de su discografía, Jill Scott muestra lo orgullosa que está de haber sentido las cosas de las que habla en sus canciones. Una mujer franca y segura de sí misma. Orgullosa de amar y ser amada, pero también, de ser odiada. La cantante se quita la peluca y recurre otra vez a su faceta actoral. Esta vez es un doctor del sexo que da consejos sobre cómo tener “un buen polvo”. ¿Cómo? con So Gone. Balada con la que las parejas del público se acercan y el ambiente se carga de sensualidad. A continuación, Cross my mind, Slowly Surely  y Long Walk. Las luces amarillas cambian de argumento y nos adentran en Golden, canción en la que Scott reivindica su libertad en la vida. 

La recta final comienza con la descarada Gimme, con la que disfrutamos de las elaboradas coreografías de la banda. Con Blessed, uno de los singles de su último disco, notamos una nueva madurez en sus letras. La estabilidad espiritual sustituye a la sensualidad de sus anteriores éxitos. Y para cerrar (y dejarnos boquiabiertos) Scott interpreta He loves me una balada en la que el amor vuelve a ser el aditivo esencial. A mitad de la canción la intérprete se atreve con algunas estrofas en español. El público se emociona con la voz privilegiada de Scott (de primera soprano). Llueven los aplausos y los gritos de “otra, otra, otra…”.

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