Alcalá de Henares vibra con Vetusta Morla

El grupo madrileño Vetusta Morla ofreció el pasado viernes un sobresaliente concierto en la Plaza de Toros de Alcalá de Henares (Madrid) en el que no faltaron alusiones a los recientes hachazos que sufrirá la cultura en España a partir del mes de septiembre. 

Por: Sheyla Olivos
Vetusta Morla actuando en Alcalá de Henares // Foto: Natalia Márquez
A continuación de los directos del ex Deluxe  Xoel López y la banda mexicana Zoe, los alcalaínos empezaban a abrir boca al plato principal del día. Era el turno de una banda que lleva más de 10 años de trabajo a sus espaldas. El grupo de moda. Y es que con 5 Rivieras, un disco de oro y otro de platino, es difícil no crearse prejuicios acerca de Vetusta Morla. Pero estos seis amigos (y el gran equipo que les acompaña) son más que estos fríos datos. Para adentrarse en su mundo, el de verdad, hay que poner los pies en un recinto y poner en marcha todos los sentidos para un espectáculo sin precedentes, como el que ofrecieron en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares.

Pucho durante la actuación // Foto: Natalia Márquez
Un Querqbat. Varios Shakers. Un Omnichord. Pero también una batería, unas guitarras y, por supuesto, un Bidón. Los instrumentos más complejos y exóticos  y los más elementales ya se encontraban listos para el salto al escenario de Pucho, Guille, David “El Indio”, Jorge, Álvaro y Juanma.  Eran las 00:30 de una de las noches más calurosas del mes de julio y con 45 minutos de retraso respecto a la hora publicada en su página oficial, aparecían los miembros de la agrupación desatando los gritos excitados de una muchedumbre, que en su mayoría, estaba compuesta por jóvenes. Los primeros acordes de Mapas se abrían paso entre los oídos de los asistentes. Con una larga y potente introducción, el tema que da nombre al segundo disco pone comienzo a lo que será una apoteósica noche (y madrugada). 

Juanma // Foto: Natalia Márquez
Le siguen la melancólica pero no menos intensa Boca en la Tierra y, Cenas ajenas, en la que el habitual juego de luces invade el escenario en forma de rojo pasión. Inmediatamente después, el saludo inicial de mano de la voz de Vetusta Morla. “Estamos en una ciudad llena de cultura, qué pena que se la estén cargando”. Con esta frase, Pucho, vestido con una sencilla camiseta azul y pantalones vaqueros, da pie a lo que será una oleada de menciones a la reciente subida del IVA  al consumo de cine, teatro, música y arte. Después de esta declaración de posturas al respecto, llega Copenhague. Uno de los primeros puntos álgidos del concierto en el que el público se viene arriba y la que demuestra saberse al dedillo. “El Indio” finaliza con unos enérgicos toques de batería el tema que se ha convertido para muchos en el himno de una generación. Enseguida Un día en el mundo. Con esta canción, el grupo madrileño no sólo aclara no haberse cansado de tocar miles de veces las mismas melodías, además demuestra que está dispuesto a entregarse con la misma fuerza que en sus primeras actuaciones.

Guille // Foto: Natalia Márquez
Estamos en el ecuador del concierto. Suena Escudo Humano, en la que se introduce un toque de exotismo con un querqbat, un instrumento de origen marroquí parecido a unas castañuelas metálicas. A continuación, el portavoz y cantante del grupo da pie a la críptica Baldosas Amarillas con otro comentario sobre la actualidad: “Vivimos en épocas convulsas”, señala, “pero la verdad siempre renace”. A esta canción de ritmos sosegados se le incluye el sonido de un Omnichord, un instrumento electrónico con forma de riñón que en vez de cuerdas tiene botones. Le sigue Maldita Dulzura, una de las más coreadas de la velada. Luego, En el río y las optimistas Lo que te hace grande y Saharabbey Road. Esta última despierta los pies (y los chillidos) de los asistentes  que no dudan en saltar mientras entonan las famosas últimas sílabas de la canción. 

Jorge // Foto: Natalia Márquez
Nos volvemos a adentrar en una atmósfera tranquila con Canción de Vuelta. Calma que se rompe de forma brusca con Autocrítica y Valiente. “Nos están dando muchos palos”. Pucho hace una referencia directa a la subida del IVA en los conciertos y puntualiza con tono irónico que es algo que no se aplicará a “los toros”. Con unos palos (claves de madera), que nada tienen que ver con los antes mencionados, el cantante da inicio a El Hombre del Saco. Un bidón metálico cierra de forma feroz la canción que, posiblemente, más ataque al mundo capitalista.

A pesar de los litros de sudor vertidos encima y fuera del escenario aún hay ganas de más. Los días raros llegan a los sentidos del público con olor a final. Sin embargo, su ritmo ascendente no deja decaer el entusiasmo. Sálvese quien pueda y la Cuadratura del círculo son las elegidas para terminar un concierto de casi dos horas de puro éxtasis. El público no puede estar más motivado. Vetusta Morla interactúa con ellos y les hace cantar. Saltar. Emocionarse. El cantante se atreve a subirse a uno de los altavoces y, al levantar la mano izquierda para hacer que el público le acompañe, adopta una postura, que con la ayuda del juego de luces y sombras, se asemeja a una de las más conocidas poses de Freddy Mercury. No caben comparaciones, cierto es. No estamos en 1985. Vetusta Morla no llena (aún) un estadio de más de un millón de personas. Pero al ver a este grupo de seis jóvenes treintañeros que luchan día a día para hacer vibrar a su público (y lo consiguen),  puede que haya alguna esperanza en estos años tan convulsos para la cultura en España.

Vetusta Morla al finalizar el concierto en Alcalá de Henares // Foto: Natalia Márquez


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