Especial Tres Sesenta: Otra noche especial con Vetusta Morla

Vetusta Morla levanta el ánimo y pone a bailar a toda La Ciudadela en la noche del sábado del Tres Sesenta Festival.

Por: Natalia Márquez

Pucho (Vetusta Morla) // Foto: Natalia Márquez
La luz se había marchado del firmamento mientras Xoel López actuaba. Las estrellas comenzaban a alzarse en el cielo cuando abandonó el escenario. Durante cuarenta y cinco minutos se preparó todo a la perfección para que los grandes esperados de la noche pudieran realizar el impecable espectáculo al que tienen acostumbrados a sus incondicionales seguidores.

Sólo pasaban dos minutos de las once, cuando la música cesó y los gritos del público empezaron a sonar, ansiosos de verles a ellos sobre las tablas. No necesitan presentación, un sólo acorde y el mundo es un poco mejor.

Mapas trajo la paz, cuando Vetusta Morla se encuentra delante no se puede, ni se debe, pensar en nada más, simplemente hay que disfrutar.

Juanma // Foto: Natalia Márquez
Variando su setlist una vez más, la canción que pone nombre a ese segundo disco que consolidó a la banda madrileña como imprescindible en la escena musical española y no sólo en el mundo independiente, puso en marcha los minutos del reloj del sosiego.

Haciéndonos grandes por tenerlos a ellos delante continuamos la velada. La primera melodía que escogieron para convertirse en imágenes, para ser el vídeo inaugural del LP, Lo que te hace grande, es la encargada de seguir el camino. Para que sólo después espiemos por la ventanas las Cenas ajenas.

Pucho se dirige al público de Pamplona. La anterior vez que tocaron en la ciudad la lluvia estropeó, en cierta manera, el concierto que ofrecieron. Sin embargo, no hay nada que pare la música, tal y como apunta el cantante.

En estos tiempos que corren no hay nada mejor como entrenar nuestra Autocrítica e intentar deshacernos de esas minas que vamos sembrando por nuestro cuerpo haciendo una llamada al Rey Sol.

Gritando con toda nuestra alma que a pesar de todo somos felices, mientras pasamos Un día en el mundo, Pucho nos recuerda la noticia del día cambiando una de las frases de la canción, "pago un rescate al domador", no hay más que decir.

La energía desciende con Boca en la Tierra. Buñuel viene a visitarnos mientras seguimos el camino de Baldosas Amarillas y la Maldita Dulzura inunda nuestro ser.

Guille (Vetusta Morla) // Foto: Natalia Márquez
Tras estos delicados y dulces momentos, es hora de volver a reivindicar creando un Escudo Humano, porque "nos queda mucho más que hacer que ver en la televisión como España es rescatada", tal y como expresa el vocalista.

Después de un viaje En el Río, Pucho anima a los asistentes y les dice que "hay que echar el resto, nosotros también". La melodía de Salvese quien Pueda pone en movimiento a todos, incluso a aquellos que puede que todavía no hubiesen caído en el encanto de Vetusta Morla, aunque eso es imposible.

"Bailando hasta el apagón", el público se vuelve Valiente y el clímax se alcanza cantando todos juntos "lololololo" y "lalalalalala" en Saharabbey Road.

Para calmar los ánimos tras esa dosis de alegría, la siempre imprescindible Copenhague continúa la fiesta.

Pucho le dedica la canción que vendría después a toda la gente que había visto ese día en las noticias, "que nos quieren hacer ver lo que no es, que tergiversan los versos". Y El hombre del Saco empieza a sonar.

Se marchan, pero, por suerte, son pocos los minutos sin ellos. Pucho, Juanma, Guille, David, Álvaro y Jorge vuelven a salir para enseñarnos que "sin carbón no hay Reyes Magos" y que Los Días Raros son necesarios en la vida.

Vetusta Morla se despide // Foto: Natalia Márquez
Unas últimas palabras de Pucho. Con la actuación de ese día eran tres veces las que habían estado en Pamplona, la primera tuvieron problemas técnicos, la segunda la lluvia fue la culpable, pero "hoy puedo decir eso de que a la tercera va la vencida". Da las gracias a todos los presentes por acudir y gastar su dinero en música, "con la que está cayendo, esa frase tan de moda en la actualidad".

Finalmente es el momento de asumir que rendirse no es una opción mientras saltamos unidos en La Cuadratura del Círculo.

Ahora sí, abandonan el escenario dejando a los presentes con una felicidad difícilmente borrable y con ganas de mucho más, como ocurre siempre con Vetusta Morla. 

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